La vida a través de mis ojos – Escrito por Jennifer Barreto-Leyva

Jennifer Barreto-Leyva, directora de Lanero Digital

Tiempo de lectura aprox: 1 minutos, 41 segundos

La noticia de la tienda de accesorios femeninos que le impidió el paso a una joven en silla de ruedas que se hiciera viral en nuestro país, debo confesar que me revolvió recuerdos y sentimientos. Hace unos cuantos años atrás me sucedió a mí también, la razón: mi peso. No una, sino tres veces, dueños de sitios nocturnos en la ciudad de Caracas me negaron la entrada a sus locales porque y cito “mi peso afeaba la imagen de su local”.

Cuando fui a buscar datos, resulta que tan solo en mes y medio había 1500 denuncias en el Indepabis en Caracas, de locales comerciales y de diversión que no dejaban pasar a personas por su peso y color de piel. Estas prácticas discriminatorias no son nuevas en Venezuela, solo que han sabido ejercerlas de diferentes maneras. Pero el abusador llega hasta donde el abusado lo permite.

Creo firmemente en el libre mercado, en la propiedad privada y en todas sus maneras de defensa. Lo que no puedo defender es lo indefendible, y esto lo es.

Si una persona abre un local para uso y disfrute del público, debe asumir que a su local llegará todo tipo de gente. Y mientras no rompa códigos de vestimenta, tenga como costear su consumo, venga en estado inconveniente o ponga en peligro la seguridad, bienestar y tranquilidad de la clientela y los trabajadores, entonces no debería haber problema en quien ingresa o no en su local.

Venezuela tiene unos paradigmas en extremo tercermundistas culturalmente hablando. Es, por ejemplo, uno de los pocos países donde todavía empresas solicitan fotos en la hoja de vida a la hora de aplicar o solicitar un empleo. 

Anécdotas pudiera contar miles. Tengo 42 años acumulándolas. Cuando vives en un país donde la belleza, la estética y frivolidad tienen un papel fundamental en el diario vivir y te sales de esa norma, tu vida puede llegar a ser un verdadero infierno. No me lo contaron, lo viví, lo vivo.

Hay soluciones con este tópico que son excesivas y en las que no creo. Simplemente impedir que alguien entre a un local por su apariencia física o impedimentos físicos, es algo que jamás debiera suceder. Es miserable y solo habla de la gran favela mental del dueño o encargado de tal lugar.

Es importante, valioso y necesario aprender a ver la vida desde otras aristas, desde otros ojos. En estas épocas de tiranillos por doquier, se me hace imperativo educar y aprender a ver y vivir la vida desde otras ópticas, porque por difícil que le parezca a aquellos que andan dando clases de moral en redes sociales, la vida es como es, no como queremos que sea, y mi visión o la suya no son las únicas.

Hay ojos a través de los cuales jamás quisiera ver la vida, por suerte, los buenos somos más.

¡Hasta la próxima!

Escrito por: Jennifer Barreto-Leyva

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