Venezuela…queda poco por decir

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En el 2021 los venezolanos hemos visto con nuestros propios ojos y en tiempo real, lo más bajo, corrupto y nefasto de la política nacional, como si hubiera sido poco a la fecha.

A medida que se acercaba la fecha a unas elecciones absurdas, fantasiosas y huecas, era como ver el aumento de la intensidad a un fogón. Con el detalle trascendental que no se quemarían alimentos, sino que se desgastaría y lastimaría una población ya en exceso rota, desesperanzada, se resquebrajaría aún más a un país ya hecho pedazos. No era cualquier cosa…

Espectáculos de poca monta protagonizados por ciudadanos que dicen ser políticos ergo servidores públicos, estaban a la orden del día. Desde bailes, baños de cerveza, duchas caseras transmitidas por redes, fiestas con delincuentes, teatros con gente llorando y pare usted de contar. Cuando trataba uno de digerir el circo, venía un acto nuevo, más bajo, más bizarro, más insultante para la venezolanidad, los ciudadanos y el país.

Se vieron también –en exceso para estas alturas quizá– ciudadanos comportándose como pueblo. Yendo a templetes de llamémoslos “políticos”, siendo vejados por estos con dádivas lastimosas, prestándose para ser usados en campaña, o aún peor, defendiéndolos.

Pero lo más lamentable no queda aquí, puesto que agentes agitadores, de unos y otros, que nunca pueden faltar en toda conversación de política, revivieron noticias viejas, inventaron otras, movieron en redes masas y pare usted de contar. Poniendo en tendencia en redes ciudadanos y temas que poco o nada elevan y aportan al necesario debate nacional.

Ante cualquier provocación caen unos y otros, se exaltan, despliegan odio en sus más bajas formas, se enferman, maltratan al país, y al día siguiente como si nada, caen ante la nueva provocación del día. Un ciclo enfermizo, diseñado para distraer, quebrar y reducir a la gente, y a pesar de saber esto, es un ciclo al que se siguen prestando. Porque no aprenden…pasan los años y no aprenden.

Así como hace falta de carácter urgente una clase política nueva, educada académicamente y decente –si no es mucho pedir– hace falta una ciudadanía que esté a la altura de lo que pide, y lamentablemente, aunque me odien y me digan las cosas más aborrecibles, porque ya lo veo venir, no estamos a la altura aún.

Venezuela con extrema urgencia necesita elevarse, deslastrarse de tanta marginalidad, malvivir, politiquería barata y la larga lista de los que entiendan a cabalidad mi carta editorial de esta semana. Como siempre digo, aunque muchos se rían, necesitamos un exorcismo, un renacer. Somos una tierra bendita, de gente noble, trabajadora, maravillosa, pero todo lo que pudiéramos alcanzar a ser no llegará a ser tangible, de seguir por este sendero paupérrimo y peligroso.

Yo por lo pronto sigo en mi silencio escogido, porque para mí en cuanto a política, de Venezuela queda poco por decir.

¡Hasta la próxima semana!

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