El fino arte de respetar

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Se ha hecho viral la vergonzosa oleada de comentarios dantescos hacia un joven venezolano quien forma parte de la comunidad LGBT+ que ha sido doblemente portada en la conocida como “la biblia de la moda” la revista Vogue, y fue inevitable no vivir un doloroso dejavú de las miles veces que viví lo mismo, con la diferencia que en mi caso ha sido siempre por mi apariencia física, bien sea mi peso o mis cejas.

Encuentro perturbador y aberrante estos comportamientos, que distan considerablemente de lo que recibí como educación en mi hogar y practico en mi vida adulta. Por eso, junto a otras razones, jamás lo veré normal.

Hay razones tras estos comportamientos, cosa que he conversado con psicólogos, intentando entender de dónde venían esas agresiones gratuitas hacia mí. 

La base de este problema, es la educación en casa. Los niños, que son los adultos de hoy, han visto este comportamiento en su casa, lo normalizaron y hoy lo emulan. Otra de las razones es, que estamos hablando de personas con rasgos psicopáticos, de lo cual aprendí de la mano del Doctor en psicología Iñaki Piñuel. Tema necesario de aprender.

Sea cual sea la razón y origen de esto, es algo que debe llamarnos a la reflexión.

Si algo no le afecta a usted ¿Para qué prestarle atención a ese algo? ¿Para qué insultar y denigrar a una persona? ¿Qué placer le puede traer esto a alguien? ¿Qué parte de que se está lastimando a un ser humano que nada le ha hecho a usted hay que explicar? En caso de afectarle, hay maneras de manejar y hacer las cosas, y esta es la menos indicada y decente.

Y no, esto no es libertad de expresión, esto es odio, libertinaje de expresión.

Si algo no me gusta, no le presto atención. ¡Es simple! Desde pequeña me enseñaron a respetar a todos, independientemente de cómo lucieran, se comportaran o pensaran, y hoy por hoy lo agradezco como pocas cosas he agradecido en mi vida.

En la actualidad se respiran unos aires en el ambiente tan nefastos, de ver quien es más ofensivo, burlista y grosero, tantas cosas tan aborrecibles, que me invitan a huir lejos y a la velocidad de la luz cuando detecto lo ya descrito. Se ha perdido toda noción de respeto, de buen vivir y si alguien se atreve a decir algo, enseguida es vapuleado por la corte de superiores morales, luego de llamarle “progre”, la nueva ofensa de la década.

Muy triste lo que se está viendo, y preocupante por demás.

Decía Edmund Burke que para que el mal triunfe solo se necesita que los buenos no hagan nada y no podría estar más de acuerdo.

Pasearnos en primera persona un minuto de cómo se siente una persona recibiendo insultos, amenazas de muerte, groserías y vejaciones nos brindaría un panorama bastante amplio en una mirada muy distinta a la nuestra.

Haber normalizado la violencia, para quienes lo justifican, es una invitación urgente a sanar conductas aprendidas nada sanas, a revisar el amor propio que es un reflejo en lo que damos y hacemos a los demás. Una invitación a ser mejores personas, que siempre es posible.

¡Hasta la próxima semana!

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