Capitalismo y globalización, lidiando con el hambre en Venezuela

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Por: Jesús Zambrano

Hace unos catorce mil años, según estudios arqueológicos, en el espacio donde se ubica hoy Venezuela existe la vida humana y con ello el inicio de los métodos de subsistencia de esta misma especie en este territorio. En aquellos tiempos remotos nos encontrábamos con gentes nómadas que todavía vivían de la recolección y la caza, con una esperanza de vida muy baja, donde la muerte y las enfermedades eran constantes amenazas.

Con la evidente evolución del homo sapiens llega la revolución neolítica, allí estos seres comienzan a cosechar sus propios alimentos y a domesticar animales para el consumo. Con este modo de vida continuaron viviendo nuestros antepasados por miles de años, y que si bien hubo nuevos hallazgos y diferentes hitos históricos, vemos que el hecho más trascendental en la historia económica mundial ha sido la revolución industrial. Esta revolución, sitiada en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XVIII, dio pie para que se desarrolle el incipiente (en ese momento) sistema económico que nos permite tener todas las comodidades que tenemos hoy: el capitalismo.


El capitalismo, un esquema con un compendio de factores y contexto que determinaron su nacimiento, se expandió por gran parte del globo terráqueo, estableciendo sus principios y formas que han acabado con tanta pobreza en distintas naciones. Con la libertad como matriz que da producto a una organización espontanea de la sociedad, lo que llamamos civismo, y una autoridad con un poder que tiene sus límites bien marcados, el libre mercado ha sido la senda que ha marcado el progreso de la humanidad. Es en esos mismos países, donde las instituciones robustas y la idiosincrasia de sus ciudadanos se caracteriza por el amor a la libertad, por denostar a aquellos que se manifiesten opresores y déspotas, ahí se han generado los más grandes inventos, productos del ingenio del raciocinio humano.

La innovación que se da por parte de las más grandes mentes, de manera muy usual las hallamos en los países con más desarrollo, y por fortuna para todos los habitantes de este mundo, esas innovaciones han trascendido las fronteras de los países libres y productivos.
Ya finalizando la segunda década del siglo XXI se ha normalizado el transporte en automóvil, así como en pocas horas podemos montarnos en un avión y pasar de un continente a otro. Las telecomunicaciones se crearon y cada día van mejorando de una forma en que hace años era inimaginable, y podemos seguir contando todos los artilugios y tecnologías que nos facilitan la existencia y los modos de generar bienes y servicios.

Lastimosamente, siguen existiendo muchos países que no han tratado de emular ese ejemplo de éxito y bienestar que hoy nos muestran naciones como Hong Kong, Nueva Zelanda, Austria y Chile, con ingresos per cápita altos, mitigando la pobreza, a pesar de haber algunas sido colonizadas y teniendo con anterioridad paupérrimas economías.

En el presente, Venezuela es uno de esos países señalados, con un gobierno que no ha creído en la generación de riquezas, implementando medidas socialistas que realmente van en detrimento de los más desfavorecidos y con menos recursos en nuestro país. Sin embargo, los venezolanos actualmente, con más del 10% de sus connacionales fuera de sus fronteras, y al menos el 70 del 100% de quienes se quedaron en ella, siguen paliando el hambre gracias a la globalización del capitalismo. Parece sonar irrisorio porque este sería un argumento que cualquier comunista con pensamientos tercermundistas, como decía Carlos Rangel, puede utilizar para hablar en contra del libre mercado y hacer ver al chavismo desprovisto ante el supuesto “maldito capitalismo que nos aguijonea”, como sentenciaba Chávez en uno de sus mítines.

Ahora bien, hago esta afirmación porque aunque teniendo la inflación más alta del mundo, y a pesar de las medidas tomadas el pasado año que cercenan un poco menos la economía, Venezuela ha tenido la oportunidad de contar con tecnologías que posibilitan las ventas y las compras en su modesto mercado. Podemos ver, por ejemplo, el punto de venta, tan prioritario, o las transacciones por plataformas digitales; al igual que en la misma temática de los avances podemos ver el teletrabajo que ha salvado a muchos en medio de la cuarentena, aun teniendo un pésimo servicio eléctrico y de internet. Imprescindible es también hablar de las remesas enviadas desde el exterior -por medios electrónicos- a sus parientes dentro del territorio. Además el excedente de la producción colombiana ha logrado abastecer buena parte del occidente venezolano, cuando escacean rubros importantes de fabricación nacional para la dieta diaria, de la misma forma en que los productos brasileños llenan muchos anaqueles de la parte suroriental del país.

Es por esto y más que el capitalismo, que se inmiscuye incluso donde quien ostenta el poder trata de suprimirlo, deja atisbos de los frutos que se dan en las naciones libres que permiten a sus ciudadanos “dejar hacer y dejar pasar”.

Por el mismo motivo, a pesar del hambre que se vive en Venezuela por culpa de un totalitarismo que ha tomado pésimas decisiones en todos los ámbitos, no se ha divisado una hambruna al nivel de Holodomor o como los millones chinos que murieron gracias al gobierno de Mao Tse Tung.
Por eso debemos cambiar la brújula hacia nuevos horizontes y empujar para ir por el camino donde el eje principal que nos conduzca sea la libertad y que el libre mercado se desarrolle de tal manera que, como ya está demostrado, podamos acabar con la pobreza; que seamos mucho más prósperos que antes del chavismo, y que las riquezas sean generadas por los individuos de forma honesta, y no tener un Estado supremacista y paternal que se enriquece con el esfuerzo de sus ciudadanos.
“Ser libres nos hace ricos. La economía ha intentado encontrar pequeñas fórmulas mágicas capaces de explicar el progreso. Ahorro, trabajo, instituciones. Todo eso es parte de lo que nos hace ricos, pero solo funciona si hay algo más grande detrás, si existe un marco para el desarrollo. Y ese paradigma es el de la libertad”.

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