«La diáspora inclemente: nuestra realidad más cercana» por Deibis Guerra Bolívar

"La diáspora inclemente: nuestra realidad más cercana" por Deibis Guerra Bolívar

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Si hay una palabra que los venezolanos hemos escuchado hasta el cansancio los últimos años, es <diáspora>. Invariablemente ha estado presente en cada anuncio, noticia, documental o reportaje sobre la situación que atraviesa el país.

No es para menos, acorde a cifras recientes publicadas por la ACNUR en Junio el presente año, la suma total de migrantes y refugiados venezolanos era hasta la fecha de 5,093,987 y en ascenso -solo pausada o revertida, quizá, por la pandemia del Covid-19 que ha obligado a muchos a devolverse al país o a parar el traslado forzoso hacia otras latitudes-. Es decir, la diáspora es una consecuencia lógica de ese mismo trastorno social.

¿Qué significa, entonces, el tan trillado vocablo? Su acepción etimológica más básica proviene del prefijo «dia-«, que se traduce como «a través de» y del sustantivo «spora», que es sinónimo de «semilla» o de «siembra».
Interesante que desde sus orígenes, esta expresión del lenguaje haga una clara analogía con las plantas y el mundo vegetal y como se interconecta con el sentimiento raíz o de pertenencia que cada individuo siente hacia su lugar de origen que es la tierra.

Se refiere entonces a la disgregación y al éxodo colectivo de personas que se ven obligados a abandonar su tierra natal, pero los ciudadanos de Venezuela que han tomado la difícil decisión de salir, lo hicieron y lo han venido haciendo a partir de empezar a ver con preocupación como cada vez más las condiciones sociales, políticas y económicas del país se iban deteriorando; de hecho ese es el principal motivo.

Frente a esa realidad no sólo representa un fuerte trauma psicológico para el venezolano común el abandonar su casa, familia, trabajo y seres queridos, sino además afrontar los problemas que también existen afuera, como el desempleo, la falta de seguridad social y, por supuesto, la xenofobia. Curiosamente esta última ha venido haciéndose camino y tomando cada vez más espacio entre las sociedades latinoamericanas.

Una buena cantidad de testimonios recogidos a lo largo de estos años sobre la población de migrantes y refugiados, sugiere que una de las cosas que más preocupan a estas personas es precisamente la discriminación y el odio que la gente profesa hacia el que viene de afuera, pero parece haber brotado y tomado forma poco después que los países destino de la diáspora, resultaran visiblemente alcanzados por una trastorno más entre sus propias realidades; la llegada masiva de extranjeros en condición de pobreza. No puede dejarse de mencionar ese hecho porque, como bien se sabe, toda acción genera una reacción, ley de causa y efecto.

La principal causa de la migración masiva a que nos referimos es nada menos que la crisis en Venezuela, pero el efecto colateral más obvio hacia sus vecinos, ha sido un desequilibrio en el día a día de estos países que, sin una infraestructura adecuada se ven obligados a recibir y brindar soporte institucional a dichos migrantes. Alguien diría que mudarse de país en Latinoamérica, es tanto como cambiarse de camarote en el Titanic, lo cual es cierto, salvo muy puntuales excepciones.

La diáspora se ha concentrado en escoger países como Colombia y Perú, principalmente -y en ese orden- según también cifras oficiales de la ACNUR.

A todo esto… ¿ha sido difícil permanecer afuera? Indudablemente sí. Y lo ha sido por todo lo antes mencionado, pero fundamentalmente por el hecho de que, el venezolano que sale, lo hace siempre pensando en volver a su país, no obstante están conscientes de que esa no es una opción por ahora. Cada evento político parece alejar más a los que están afuera de la posibilidad fáctica de regresar.

Así se ve desde afuera; quienes más preocupados por otras cuestiones como el trabajo, el pago del alquiler o el envío de remesas a sus familiares en Venezuela, reservan sus oídos para el día en que se les diga la noticia que han estado esperando: ¡cayó el régimen! Ese día retornará la alegría a sus corazones y despertará en ellos nuevamente la esperanza de retornar para reconstruir su amada Nación. Mientras tanto permanecen ansiosos y expectantes… bajo su realidad más cercana.

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