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Nuestra economía y los venezolanos experimentaremos la tercera reconversión monetaria en tan solo 13 años, puesto que la primera se llevó a efecto en el 2008, donde se le restaron 3 ceros al bolívar; la segunda hace apenas tres años en el 2018, eliminándose 5 ceros a la moneda fuerte y ahora ya se anunció la tercera reconversión con la reducción de 6 ceros al bolívar soberano; siendo en total 14 ceros a nuestro signo monetario, en el lapso referido. Lo cual nos revela el estruendoso fracaso del modelo de planificación centralizado o comunista impuesto en Venezuela.
Es de acotar que desde que existe el bolívar como moneda nacional y durante todo el siglo XX nunca sufrió reconversión monetaria alguna. Ni siquiera durante los 40 años de la IV República, que si existieron devaluaciones en la moneda, pero fueron muy puntuales cuando se trataba de ajustar el bolívar al precio real del dólar; con todos los traspiés que se cometían en materia económica, se rectificaba y se corregían los errores.
La nueva reconversión plateada por el régimen, que entrará en vigencia a partir del 1 de octubre próximo, estará condenada también a fracasar mientras la hiperinflación siga descapitalizando la economía y diluyendo los salarios.
Esta reconversión monetaria será apenas una solución temporal que servirá solo para facilitar las transacciones y/o los cómputos inmanejables para las maquinas fiscales y otras operaciones de tipo contable; porque mientras no exista un plan antiinflacionario o en su defecto un programa económico de rectificación en materia fiscal, monetario y cambiario, a la vuelta de dos a tres años se estaría planteando otra nueva reconversión.
Es de señalar que la nueva reconversión vendrá acompañada de un nuevo cono monetario con billetes de 5, 10, 20, 50 y 100 bolívares y una moneda de 1 bolívar, sumado el bolívar digital. Según el BCV la principal razón para la implementación de esta medida es que la hiperinflación alcanzó el 2.585,5% en el 2019 y para el 2020 se ubicó en 2.959,8% llevando al deterioro de la moneda, por ende de los salarios, sea tan alto y la falta de efectivo, tan aguda, que el dólar se ha convertido en la moneda de facto en el país, al punto que según la firma Ecoanalitica, las transacciones en esta divisa representan el 67% de las operaciones comerciales.
El bolívar digital es la versión digital del bolívar físico, por lo que su cotización será lo que determine el sistema de mercado cambiario venezolano. Esta moneda digital es diferente al bolívar electrónico y al petro, que es una versión del bitcoin, según señaló el BCV. Sin embargo, no se ha entrado en detalle de cómo funcionará el bolívar digital y la plataforma que lo soporte, lo que ha sido una fuente de incertidumbre entre los agentes económicos, a esto hay que agregar los aspectos tecnológicos, el hecho de que una gran parte de la población no dispone de los dispositivos móviles o celulares androide requeridos para el uso de una moneda digital.
El otro elemento que repercute y tiene que ver con el tema planteado son los salarios de los trabajadores, que sucumben ante dólares, petros y otras formas de pago en Venezuela, porque prácticamente el bolívar se pulverizó ante las nefastas e irracionales políticas económicas.
Otro comentario importante se relaciona con lo expresado por analistas y firmas especializadas que se encargan de estudiar la permanencia del salario, señalando que durante al mes de julio la canasta alimentaria superó los $300, significando que se requieren 162 salarios mínimos para adquirirla. En otras palabras, el salario mínimo de un trabajador venezolano expresado en dólares es el equivalente a $1,87. Esto nos indica el gran deterioro que han experimentado nuestros salarios, y la urgencia de políticas económicas serias. Cabe mencionar que a tan solo 10 años atrás el salario mínimo en dólares representaba $175.
Definitivamente, con la implementación de esta nueva reconversión y los salarios diluyéndose por la hiperinflación que no corrigen, el panorama no es nada halagador porque se traduce en mayores carencias, pobreza, desempleo y por supuesto en la pérdida absoluta de la calidad de vida de los venezolanos. Tenemos 45 meses seguidos de hiperinflación; con un PIB o caída de la producción acumulada entre el 2013 y 2021 de -83,6%; desempleo 58,4% y una pobreza total estimada en 96,2%, según datos aportados por el economista Jesús Casique. Pasamos de una economía de $320 mil millones a $65 mil millones, en menos de ocho años.
Desafortunadamente, somos el país más pobre del continente americano, dicho por el propio Fondo Monetario Internacional, organismo que proyectó que el PIB per cápita de Venezuela en 2021, será $1.541, mucho más bajo que el de Nicaragua $1.876; de Haití $1.943 y de Honduras $2.525.
Solo un cambio político conduciría a un nuevo y próspero camino económico que nos garantizaría la paz y el fin de tanto dolor, miseria, hambre, abandono, maldad y represión. En sí, el anuncio de la nueva reconversión con su nuevo cono monetario y el bolívar digital no sorprenden; mientras todos los precios de los productos, bienes y servicios permanezcan dolarizados no habrá salario que valga. Todos sabemos que estas simples medidas vienen a cumplir un fin determinado, que no es otro que el control social, la ruina y a incrementar la diáspora en la población venezolana.
Escrito por: Jorge Cardenas
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