Venezuela no necesita democracia

Tiempo de lectura aprox: 5 minutos, 3 segundos

Por: Thakar Marcano

La historia de la democracia en Venezuela, tiene como punto de partida la promulgación del derecho a la participación política a todo ciudadano mayor de edad, el 15 de marzo de 1946, durante el trienio adeco (1945-1948). Luego de ello vendrá un hiato en la democracia, durante la dictadura de la Junta Militar y posteriormente del General Marcos Pérez Jiménez, hasta que este sea derrocado en enero del 59 y tras su caída, se de paso a la instauración del mayor período de democracia en Venezuela. La mal llamada cuarta república. El período del bipartidismo.

Tras 40 turbulentos años, llegó el punto que marcaría el final de la era democrática. No sería el único factor determinante en la muerte de la democracia venezolana, la elección de Hugo Chávez como presidente de la República de Venezuela, sino que la estocada final a la democracia, la daría la Corte Suprema de Justicia de Venezuela, paradójicamente, quienes habrían de haber velado por el cumplimiento de las leyes. Tras las sentencias “Casos Referendo Consultivo I y II de 19-01-99” emitida por la Corte Suprema1, estos generaron una nueva manera de reform ar la constitución, la cual no estaba prevista en la carta magna promulgada en 1961. Estas sentencias, fuertemente criticadas por abogados constitucionalistas de todo el país, abrieron el camino para poder convocar a la Asamblea Nacional Constituyente, donde fue promulgada la constitución del 1999.

Desde aquel entonces, hace ya más de 21 años, los venezolanos han luchado por retomar la democracia. Una de las principales reivindicaciones de las protestas que se han dado durante estas más de dos décadas, ha sido incluso, por encima del retorno de la libertad perdida, o más aún, la profundización de esta, ha sido el del retorno de una democracia libre y transparente, a semejanza de la que en el ideario colectivo se perfila como la democracia que por cuarenta años estableció Rómulo Betancourt, padre de la democracia venezolana.

Sin embargo, tal como ha señalado en múltiples ocasiones el redactor y fundador de la Revista Digital IF, José Miguel, hay que “cuestionarse todo”. Y aquí es donde inicia el punto central del artículo. ¿Realmente los venezolanos debemos luchar por el retorno de la democracia? ¿Es realmente la democracia en sí, el fin de nuestra lucha?

Para comenzar, ¿qué es lo que entendemos por democracia? la democracia puede tener varias acepciones. Platón en su “República” definía a la democracia, como el gobierno “de los más”. Es decir, el sistema político en el cual la mayoría decide por encima de las minorías, e imponen a estos los representantes y las decisiones que tomará la sociedad. Posteriormente Ortega y Gassete calificaría a la democracia como la “tiranía de las masas”. Indistintamente del cariz de las elecciones que tomen las “mayorías” podemos dejar sentado que la democracia según la mayoría de autores es una “herramienta” mediante la cual, la mayoría elige cómo será gestionada y gobernada la comunidad política. Aunque algunos diferirían en esto, no pretendo extender innecesariamente la explicación.

La democracia, a pesar de ser una “herramienta” mediante el cual se puede llegar a la conquista de mayor libertad -la mayoría de las sociedad más libres y prosperas de la tierra, son efectivamente, democracias- puede ser también usada para todo lo contrario, y servir como medio para propuestas políticas que desean imponer su pesada bota sobre la sociedad, suprimiendo sus libertades, expropiando sus propiedades o sesgando sus vidas. Mediante la democracia, hombres como Adolfo Hitler, Hugo Chávez, Evo Morales, Lula Da Silva, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Nestor Kirchner, Perón y demás liberticidas han conquistado gracias al apoyo popular el poder de sus respectivos países. ¿Por qué se da este fenómeno? Sería extenso de explicar, sin embargo, como bien han señalado tanto el profesor norteamericano, Jason Brennan en su obra “Contra la Democracia” y el economista y también profesor Bryan Caplan en su publicación “El mito del votante racional” los electores, la mayoría de los ciudadanos, son “irracionalmente racionales” en cuanto a materia política, es decir, poseen los incentivos para estar mal informados sobre todo lo que debería considerar un elector al momento de emitir su voto -economía, geopolítica, ciencias sociales, etc-, y esta desinformación es aprovechada por oportunistas y populistas para conquistar el poder y establecer sus agendas en nuestras naciones.

¿Si la democracia entonces no es más que una herramienta, un medio, capaz de ser usado tanto para la obtención de más libertad como para la supresión de la misma, cuál es entonces el objetivo a alcanzar? El español Salvador de Madariaga escribió que “la democracia es un medio, pero el fin es la libertad”. Nuestro enfoque, indistintamente de la herramienta que se adopte para lograr el objetivo, ha de ser navegar en pro del objetivo final. Si la democracia nos trae aquello que buscamos, deberíamos defenderla, sin embargo, si al contrario, retrasa la llegada del objetivo final la democracia debería ser dejada de lado, y optar por medios que nos procuren la consecución de los objetivos.

Así tenemos, por ejemplo, a una caterva de politiqueros, abogando, o preparándose para hacerlo en un futuro no muy lejano, para acudir a un proceso electoral, sea este presidencial o parlamentario. ¿Acaso cabe en cabeza de alguien con siquiera un poco de idea de la realidad venezolana, la idea de que la salida a una dictadura como la venezolana es mediante los votos? La democracia en este sentido, podría traer a Venezuela un recrudecimiento de su crisis. Podría generar un equistamiento de las élites chavistas en un sistema político “democrático” donde, podrían seguir pervirtiendo la hacienda pública y oprimiendo a los ciudadanos sin verse afectados por el peso de sanciones que actualmente cargan en sus hombros y con la fachada de “legalidad” que otorga el ser una democracia en nuestros tiempos.

No, los venezolanos no debemos buscar la democracia como fin, y es cuanto menos cuestionable su utilidad como medio para alcanzar un fin en las circunstancias actuales. Los venezolanos debemos apuntar a un fin que nos garantice la salida más rápida posible a la crisis económica, social y cultural que vive Venezuela, y esa salida únicamente se dará cuando conquistemos aquello que nos ha sido negado por décadas. La libertad.

La consecución de la búsqueda de la libertad como fin en si mismo en Venezuela, traería beneficios en diferentes aspectos de la vida social y económica de la nación, indudablemente. Por un lado, la libertad económica devendría en una considerable mejoría en los aspectos productivos y comerciales de la nación, el fortalecimiento de su sistema monetario, la atracción de inversiones nacionales e internacionales y el aumento de los puestos de trabajo bien remunerados, y por el otro lado, la libertad personal, llevaría a un retorno de la libertad de expresión, la propagación de medios de comunicación sin censura y el inicio de una recuperación más que merecida, para uno de los países más miserables y violentos de la región americana.

Aunque democracia y libertad, suelen ser enunciados que van de la mano en el discurso meinstream de la política occidental, ello no es del todo cierto. Un gran defensor de las más amplias libertades huamanas, como lo fue el abogado y economista Friedrich von Hayek, señaló que en ciertas ocasiones puntuales, un gobierno de características no-democráticas podría llegar a ser la forma de gobierno idónea para poder cimentar las bases de una sociedad liberal. Parafraseando al economista, en una entrevista concedida al periódico chileno El Mercurio, una comunidad únicamente podrá gozar de libertades políticas si el sistema económico asegura la supervivencia de su población, ya que de no ser así, los individuos que conforman dicha comunidad se hallarán inmersos en una espiral de miseria, lo cual haría que sus actividades diarias se centraran únicamente en el esfuerzo de obtener comida para sobrevivir, y no podrían dedicar tiempo a actividades secundarias como lo sería la participación en la política de su comunidad.

Por ello, la única manera de poder extraer a las personas de la miseria, mejorar su situación económica, cultural y social, es mediante la vía de la libertad. Mediante la libertad que otorga el mercado sin ataduras, los individuos podrán prosperar, y de esa manera, poder dedicar más tiempo a otras actividades, como la política, las artes, sus pasatiempos, etc. En resumen, el libre mercado otorga al individuo un grado de prosperidad que muy difícilmente pudiese tenerlo en una sociedad cuya economía tenga rasgos socialistas.

La libertad, es indiscutiblemente el fin de nuestra lucha. Hemos de hacer oídos sordos, a los cantos de sirenas políticas que tratan de vendernos día tras día, un falso espejismo de democracia como el final de nuestros esfuerzos, como el objetivo a alcanzar, ya que nuestra finalidad no ha de ser “salir de Maduro”, el objetivo ha de ser lograr un país de libertades, que permita el progreso de su gente, y que se deslastre definitivamente del atraso y la miseria que el socialismo nos ha traído.

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1 comentario en “Venezuela no necesita democracia”

  1. Extraordinario artículo. Yo suscribo esto totalmente.
    Hay estudios que demuestran de hecho que una dictadura o una monarquía blanda, pueden llevar a la libertad y prosperidad a sus ciudadanos.
    Y la razón es simple: un grupo de expertos pueden asesorar al gobernante (o gobernantes) e imponer lo que deba hacerse, sobre lo que «la mayoría» (que es ignorante en la mayoría de esos temas, como masa) desea, visceral mente.

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