75 años después Hiroshima sigue pidiendo el fin de las armas nucleares

Con un minuto de silencio, una ofrenda floral y la campana de la paz repicando por los muertos, Hiroshima conmemoró ayer que se cumplían 75 años de la primera bomba atómica, lanzada por Estados Unidos el 6 de agosto de 1945 para forzar la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial.

A las 8.15 de la mañana (1.15 de la madrugada hora peninsular española), momento exacto en el que el bombardero B-29 «Enola Gay» arrojó sobre la ciudad un ingenio de muerte y destrucción apodado «Little Boy» («El niñito»), Hiroshima se detuvo muda de dolor para recordar a las 140.000 almas que se llevó, la mitad de forma inmediata con una bola de fuego que volatilizó los cuerpos y fundió los edificios.

Tres días más tarde, Estados Unidos soltó otra bomba Atómica en Nagasaki (suroeste), causando 74 mil muertos.

Estas dos bombas con una potencia destructiva inédita en aquel entonces hicieron que el 15 de agosto de 1945 el emperador Hirohito anunciara a sus súbditos la capitulación ante los Aliados, marcando así el final de la Segunda Guerra Mundial.

Supervivientes de la bomba atómica, descendientes de víctimas, el primer ministro japonés Shinzo Abe y algunos representantes extranjeros asistieron por la mañana a la principal ceremonia en Hiroshima (oeste de Japón). La mayoría con mascarilla.

La epidemia de coronavirus impidió la asistencia del público, que tuvo que seguir la ceremonia en línea.

Otros actos fueron cancelados, como la ceremonia de las linternas flotantes de Hiroshima, que cada 6 de agosto se lanzan al agua al caer la noche en memoria de las víctimas.

“Nunca debemos permitir que se repita este pasado doloroso”, dijo el alcalde Kazumi Matsui en un discurso, llamando a la sociedad a rechazar el “ensimismamiento” del nacionalismo.

“Me comprometo a hacer cuanto pueda para lograr un mundo sin armas nucleares y una paz duradera”, prometió Abe, con frecuencia criticado por su intención de revisar la constitución pacifista de Japón.

Ante el cenotafio que recuerda a las víctimas, y con la sobrecogedora estampa de la destruida Cúpula de la Bomba Atómica al fondo, el alcalde de Hiroshima, Kazumi Matsui, pidió unidad al planeta para eliminar no solo las armas nucleares, sino también la amenaza de la pandemia. “Hiroshima considera que es nuestro deber construir en la sociedad un consenso por el que la gente de todo el mundo debe unirse para conseguir la abolición de las armas nucleares y que haya una paz duradera”, abogó el alcalde, que alertó contra las tensiones internacionales que está provocando el coronavirus, según informa la agencia de noticias Kyodo. “La sociedad civil debe rechazar el nacionalismo centrado en sí mismo y unirse contra todas las amenazas”, recomendó para superar las rivalidades geopolíticas y la crisis económica que ha traído la pandemia.

Además, aprovechó su presencia para enviar un mensaje al primer ministro nipón, Shinzo Abe. “Pido al Gobierno japonés que acate el llamamiento de los “hibakusha” (supervivientes) para firmar, ratificar y ser parte del Tratado de Prohibición de Armas Nucleares”, apeló Matsui, según recoge Efe. El alcalde se refería así al tratado aprobado por 122 Estados miembros de la ONU en julio de 2017. Para que entre en vigor. Ha de ser ratificado por 50 países. Pero, de momento, solo lo han hecho 40 y Japón no está entre ellos pese a ser la única nación víctima de ataques atómicos. Sí suscribió, en cambio, el Tratado para la No Proliferación Nuclear, firmado por la mayoría de Estados. Como ambos tratados son, a su juicio, “herramientas críticas para eliminar las armas nucleares”, el alcalde instó a “los líderes mundiales, ahora más que nunca, a reforzar su determinación para hacer que este marco legal funcione efectivamente”.

Y aunque setenta y cinco años después de ser arrasada por el artefacto más destructor creado por el hombre, Hiroshima sigue clamando por el fin de las armas nucleares, pareciera que es en vano, a la vista de las 15.000 que quedan en el mundo, el 90% en Estados Unidos y Rusia, y algo más de un millar repartidas entre China, Francia, el Reino Unido, la India, Pakistán, Israel y Corea del Norte. Ni el fin de la “Guerra Fría” ni la globalización ni las nuevas tecnologías han acabado con la amenaza nuclear que pende sobre el mundo desde hace justo tres cuartos de siglo, cuando el Apocalipsis se hizo realidad en Hiroshima y Nagasaki.

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