Simón Bolívar y “la navidad negra” en pasto

Por: Gabriel E. Pérez

Simón Bolívar caraqueño burgués libertador del cono norte de América del sur, nacido en 1783 en la provincia de caracas, capitanía general de Venezuela y muerto por causas naturales en santa Marta, Gran Colombia”

Moral y luces son nuestras primeras necesidades:

“Bolívar, hombre culto, formado por los mejores profesores que había en su época, conocedor de los escritos que dieron paso al movimiento Europeo de la ilustración que desembocó ominosamente en la revolución francesa y en la “era del terror”, hombre de ideas claras que dejo presente en alguna de sus cartas y manifiestos (carta de Jamaica, discurso de angostura, juramento en monte sacro, declaración de guerra a muerte, manifiesto de Cartagena, discurso ante la sociedad patriótica, etc.) su más estricto pensamiento. Los historiadores casi unánimemente catalogan al libertador como un hombre que puede diferenciar entre lo bueno, lo justo y lo cruel. Bolívar no se puede observar con las oraciones hombre de leyes, ciudadano ejemplar y subordinado al poder civil, porque a lo largo de su vida desafio cada instancia, cada momento y cada lugar que se antepuso a los intereses de su pensamiento y convicciones”

Campaña de pasto:

Algunos territorios del sur del Virreinato de Nueva Granada se oponían a los esfuerzos para que prevaleciera la causa republicana e independentista, manteniéndose fieles a la corona española y luchando contra viento y marea contra sus connacionales, declarándose insurgentes a la causa emancipadora lo que dio lugar a la llamada campaña de Pasto que fue una serie de operaciones militares libradas entre 1822 y 1824, por parte de la República de la Gran Colombia recién independiente contra los bastiones monárquicos de San Juan de Pasto y Patía. Bolívar como estratega militar había sido brillante, llevo consigo la modalidad de “guerra a muerte” fielmente cumplida por sus compatriotas militares como el caso del Mariscal Sucre.

Pasto más por su riqueza geográfica que por su valor comercial era una zona estratégica para avanzar hacia el sur sin inconvenientes, tierra caracterizada por sus montañas e influencia cristiana, fue el bastión de la monarquía en Nueva Granada, sus pobladores, pastusos se negaban rotundamente con la convicción que solo puede nacer de quien siente suya la monarquía, la independencia, que extranjeros venían desempeñando desde Venezuela y que habían tomado a la Nueva Granada hoy Colombia por asalto según sus propias interpretaciones de los hechos acontecidos hasta 1822.

Pasto para 1821 tenía una población 8.000-12.000 habitantes, para 1824 su población disminuyo a 1.900-3000.

Bolívar y la navidad negra:

“Pasto no olvida a sus héroes, aun menos a sus invasores…”
Desde El Trapiche, Bolívar amenaza a Pasto y su gente el 29 de mayo de 1822, cuando le dice Basilio García: “Yo insto a Vuestra Señoría, todavía, Señor Coronel, a que oiga los acentos de la razón y de la justicia para que conjure la negra y terrible tempestad que se va a descargar sobre la infeliz Pasto; tempestad que arrojará más rayos, más fuegos y estragos que todos los volcanes de los Andes, que con sus bocas infernales vomitan la muerte desde Pasto a Quito…”.

Aconteció aquel 24 de diciembre (Noche buena) de 1822. fue tomado por asalto Pasto, según algunos historiadores no hubo batalla sino masacre, el ejército realista fue tomado por sorpresa en una estrategia militar sin precedentes, Bolívar a sabiendas de la fe católica de los habitantes de San Juan Pastos decide tomar la ciudad en víspera de navidad, celebración del nacimiento de Jesús de Nazaret, fecha sagrada para los cristianos. Según narran algunos historiadores saqueos, violaciones, muertes extrajudiciales a civiles entre las que se pueden contar a embarazadas, curas, niños y adolescentes, fue el saldo de varios días de la toma.

Escribió Daniel O’Leary, secretario de Bolívar en sus célebres “Memorias” cuando dice: “Prisioneros degollados a sangre fría, niños recién nacidos arrancados del pecho materno, la castidad virginal violada, los campos talados y las habitaciones incendiadas, son los horrores que han manchado las páginas de la historia militar de las armas colombianas…Los prisioneros fueron a veces atados de dos en dos, espalda con espalda y arrojados desde las altas cimas que domina el Guitara, sobre las escarpadas rocas que impiden el libre curso de su torrente, perdiéndose sin eco entre los terribles vivas de los inhumanos sacrificadores y el ronco estrépito de las aguas, los gritos desesperados de las victimas…”; y el general José María Obando, en “Apuntamientos para la Historia”, refiere así el criminal asesinato ordenado por Bolívar: “El coronel Eusebio Borrero, que se hallaba con el general Salóm en Pasto, tuvo el honor de ser preferido para autorizar el sacrificio de 28 víctimas; pero habría sido mucha condescendencia sacrificarlas por los medios conocidos, y de un solo golpe, y se inventó un género de muerte que no tuviese estos defectos. Amarrados espalda con espalda, apenas le era permitido escoger el compañero con que cada uno debía ser sacrificado: catorce matrimonios cívicos fueron precipitados vivos uno en uno desde lo alto del puente hasta los hondos abismos del Guáitara, haciendo penar a los últimos con el espectáculo sucesivo de los primeros. Recuerdo dice (Obando) entre estas víctimas a los respetables vecinos Matías Ramos y don Pedro María Villota, hombres del todo inocentes y pacíficos…” Más de 400 civiles entre hombres no combatientes, ancianos, mujeres y niños son asesinados vilmente y la ciudad es entregada a la destrucción por parte de las tropas patriotas.

Los castigos continuaron 1.000 pastusos fueron reclutados a la fuerza y 300 exiliados a Quito y Guayaquil, muchos jamás volvieron;se fusilaron a cabecillas y prisioneros realistas y se confiscaron gran cantidad de bienes. Inicialmente el general Bartolomé Salom estaba a cargo de la urbe, pero volvió a Quito por orden de Bolívar. Una guarnición quedó ocupando la ciudad al mando del coronel Juan José Flores.

Meses después informado de los acontecimientos de Pasto, donde el pueblo se levanta en rebeldía al mando de Agualongo, luego de emitir su orden de destrucción total, Bolívar emite una proclama a los quiteños el 28 de junio de 1823 que dice: “La infame Pasto ha vuelto a levantar su odioso cabeza de sedición, pero esta cabeza quedará cortada para siempre…Esta vez será la última de la vida de Pasto: Desaparecerá del catálogo de los pueblos si sus viles moradores no rinden sus armas a Colombia antes de disparar un tiro”.

Agustín Agualongo ídolo de San Juan de Pasto:

Nació en San Juan de Pasto el 25 de agosto de 1780 y murió en Popayán el 13 de julio de 1824. De origen indígena, sabía leer y escribir y era pintor al óleo. En 1811 ingresó como voluntario en la tercera compañía de milicias del rey en Pasto y como soldado raso participó en la retirada de Quito al mando del coronel Basilio García. En 1820 estuvo en Ambato, Huachi y Cuenca al mando del coronel Francisco González, En 1822 fue teniente coronel y “puso en jaque a las fuerzas republicanas”. Amenazó la campaña del Perú, se tomó y perdió a Pasto varias veces y promovió los ataques y la resistencia de los pastusos.

Adorado por los ciudadanos de su región como se exalta al libertador en Caracas, Mérida, Bogotá, Quito, Lima, marco una huella que por más de 196 años no ha podido ser borrada en 1823, con el grado de coronel se tomó de nuevo a Pasto y luego estuvo en Ecuador, y según O’ Leary, “mientras los rebeldes andaban de fiesta en las calles de Ibarra, sus avanzadas fueron sorprendidas y acuchilladas por el mismo Libertador con su estado mayor y una escolta de lanceros”. En 1824, terminado el sitio a Popayán, fue recapturado y fusilado por rebelión, sin saber de su ascenso a general, mientras gritaba “viva el rey”.

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